domingo, 19 de junio de 2011

Y al final tu y yo somos parecidos 

Ambos llegando a lugares donde somos totales desconocidos,
ambos vagando por donde nadie le importa,
ambos a la sombra de algo grande.
Despojados de la belleza, desechados de toda bondad,
pero en el fondo ambos volamos indiferentes al resto,
inconsecuentes de donde llegamos a parar.
Fuimos abandonados a la sombra,
para evitar la incomprensión 
tan solo tu y yo.

Un día cualquiera

Y cuando finalmente, el pequeño hombre, vió lo que ocurría  no supo hacer mas que contemplar la desdichada escena. En ella veía como todo lo que el creía se desmoronaba, todas las personas en las que él había confiado alguna vez, todas las personas a las que había estimado alguna vez, se habían entregado por completo a la estampida. ¿Qué soy ahora?, se preguntaba el joven, ¿Acaso he vuelto a ser el hermano no reconocido entre mis compañeros? ¿He vuelto a ser el extraño que alguna vez fui?.

Fuese lo que fuese, el pequeño hombre sabia que en el fondo, él no era mas que un extraño en un lugar que conocía muy bien. Él volvía a ser un desconocido para aquellos que lo conocían.

Él también sabía que la Masa usaría los medios y argumentos de tal forma, que estos siempre se encontraran a favor de ellos, para que así no se ensuciasen las manos. También sabía, y por sobre todo , que una vez afuera de la Manada, sería juzgado y mirado como un vil traidor.